Navegando siempre me encuentro con páginas de contactos personales, habiendo una variedad interminable; clasificándose por países, ciudades, orientación sexual, gustos personales, llegando a un extremo casi bizarro que hasta la localidad de Chascomús tiene una propia.-
Me llama la atención no precisamente la existencia de este tipo de páginas de encuentros personales, ya que datan de hace muchos años este tipo de modalidad (avisos clasificados en revistas y/o diarios), sino en la masividad que han adquirido en este último tiempo.-
Mediante un cuestionario básico que uno debe completar, se nos interroga por libros, música, cine, si fumamos, si bebemos, un campo para describirnos, que buscamos en las otras personas, amor, amistad, relación sexual, etc.-
Pero no podemos responder en forma amplia porque en general las alternativas que debemos seleccionar están dadas en múltiple choise; personalmente no me alcanzaría la cantidad de caracteres que ofrecen para mis libros o música preferida.-
¿Qué perfil de hombre o mujer es que el espera de una página de contactos lo que no obtiene en su vida por sus propios medios? Es una ilusión creer que se pueden generar lazos de amistad apretando sencillamente “aceptar”; es una prueba más de la soledad que se padece en el mundo de hoy, a pesar de los innumerables canales de comunicación que se tienen.-
Trabajaba hace poco con una persona que se refería a sus amigos cibernéticos como parte de su círculo de afectos; y en algunas oportunidades estos “amigos” vivían en España o en Centroamérica.-
Está claro que ese círculo de afectos estaba completamente vacío, que era sólo producto de su imaginación creer que podía contar con personas que nunca habían ni siquiera compartido un café, o prestarse al menos un libro o un cd.-
En tiempos donde la comunicación es uno de los tesoros codiciados, la humanidad padece de una eterna y despiadada soledad disfrazada a veces de amigos/gas virtuales; la interacción humana se diluye dejando paso a la liviandad; el encuentro y todo lo magnífico que lo rodea, pierde importancia ante el zigzagueo del movimiento.-
¿Cuál es la causa de ello? El miedo a ser, el terrible sentimiento de culpa que padece quien cree ser feliz en un mundo que ha perdido estilo.-
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