domingo, 7 de junio de 2009

AVELINO


“Pero para Avelino nunca hay frío, ni nada que lo detenga, ni rasgo que lo sorprenda, cuando un hombre cruza al paso con su niña entre los brazos”.-

Allá por el mes de Julio del 2005, cuando el invierno desgarrador azota la cordillera, Avelino Vega, un puestero de Río Grande, pueblo catamarqueño que hace de frontera entre Tinogasta y Antofagasta de la Sierra, cruzó veinte kilómetros en mula con temperaturas de siete a diez grados bajo cero, cargando a su pequeña hija de apenas tres años para que la atendieran en un hospital.-

“Sólo quería que a mi hija desnutrida la atendiera un médico” – dijo Avelino, y para eso arriesgó no sólo su vida, sino la vida de quien más amaba, cruzando durante más de diez horas un paisaje desolador y olvidado.-

Río Grande es un pueblo como muchos olvidados, incluso ni siquiera figura en los mapas oficiales, y gracias al coraje de Avelino pudimos tomar conciencia de su existencia y de las necesidades que padecen.-

Este puestero refleja una realidad de miseria y al mismo tiempo de heroísmo mínimo y valioso que hace que repensemos día a día el país en que vivimos; a pesar que nunca hubo piquetes para Avelino o nunca su reclamo llegó a los escritorios forrados de cuero de la respetable sociedad rural, Avelino logró salvar a su hija de la desnutrición.-

Avelino es el otro con el que me identifico, que aunque pertenezca a una cultura primitiva y austera, nos une la concepción de la vida del otro, de la esencia humana que resulta ser la misma.-

La realidad del campo radica en la historia de Avelino y no en el precio de la leche o en las retenciones a la soja; la complejidad del campo se centra en la soberbia de creer que los Avelinos son ajenos, lejanos, sometidos por siglos al poder berreta de una aristocracia terrateniente que se sienten propietarios de la tierra y de la vida.-

Nuestro país no considera trabajadores ni a los peones de campo ni a las empleadas domésticas, ambas categorías se encuentran reguladas por estatutos que datan de varias décadas atrás.-

Es fácil la ecuación: ¿qué clase social se beneficia por no considerar trabajadores a estas categorías? El patrón, de dudosa sexualidad, que se aprovechó de cuanta empleada doméstica tuvo en su confortable estancia; o quien hace lo mismo con el peón de campo hipotecando no sólo su destino, sino también el de sus hijos y nietos.-

Leamos entrelíneas, sepamos entender y ver un poco más allá, veamos cada vez que nos miremos al espejo a los cientos de Avelinos que están condenados a vivir en esa bendita parte del mundo antes de levantar banderas, en definitiva seamos dignos.-

Recomiendo el documental “El viaje de Avelino” de Francis Estrada y “Zamba para Avelino” del grupo Filippo (www.youtube.com/watch?v=dAMNE1CGR4I).-

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